Irse al agua un millón de personas

Irse al agua un millón de personas
Lilia Granillo Vázquez
Viernes 2 de noviembre de 2007
--No importa que siga lloviendo. Vamos al Museo de Historia y luego podemos regresar al hotel y nadar en la alberca. Total, a nosotras, “chilangas”; este clima cálido y algo de lluvia nos viene bien. No quiero ir al cine. ¿Encerrarme en una Plaza, siendo Villahermosa tan linda, llena de árboles, zona de humedales naturales? Me encantaría caminar al aire libre, recorrer La Venta y admirar esas cabezas colosales. Si no, pues al menos meterme a la alberca a estirar las patitas y ver el paisaje desde el jardín del hotel, que da a la Laguna de las Ilusiones. Mira, vamos a comprarme unos calcetines que tengo frío en los pies, y luego tomamos un Taxi.
Mariana nos advirtió antes de llevar a otras amigas al cine, que por el celular le avisaron que el Estado entraría en alerta. “A lo mejor nos vamos al agua”, dijo. Si se pone feo tomen un taxi antes de que anochezca por que el centro se inunda.
Me tomó quince minutos comprar los calcetines, y cuando salimos a la calle, la avenida estaba algo encharcada, como para mojarse los zapatos. ¡Que bueno que el portero del hotel nos prestó un paraguas! Nada dijimos de ver de repente a tantas personas corriendo como hormigas para ponerse a salvo de la lluvia. Muchas, unas treinta esperaban taxi, una movilización febril, para no irse al agua. Nos subimos con otro pasajero, él iba a la Central de Autobuses, nosotras nos seguiríamos al Hotel Cencalli, en la misma avenida.
--Vamos a ver si ya se desbordó el Río, dijo el taxista, con ese tonito amable, suave, del Golfo, casi, casi del Caribe.
-No exagere Señor, ¿cómo va a desbordarse con ese Malecón tan alto, le dije.
Y ante mi amiga Tere traté de justificarme.
--Te juro que ayer sábado en la noche estuvimos tomando café, a la luz de la luna llena, Mariana y yo, en una placita muy linda, que se llama Mery; el café es De La Paix, como los de París, pero con vista a la selva y café de ahí mismo. Cuando llegó Vicky, nos fuimos las tres a La Bohemia, donde cantan los y las villahermosinas y la pasamos muy bien hasta como las tres de la mañana.
Dimos la vuelta en el taxi y el Río por donde entraban los Conquistadores hace más de 500 años, estaba altísimo y la calle toda inundada, de una a otra acera. Muchos hombres colocaban costales de arena, los restoranes y bares estaban en silencio, abandonados en menos de una hora. Recordé que no habíamos podido cruzar la avenida para llegar a la acera de enfrente. Seguíamos algo calladas, cada una pensando en el maravilloso chofer que lograba atravesar las calles con el agua a media puerta. ¿Por qué no usamos el Río navegable que tenemos? Inconscientemente levantamos las patitas, bajamos la vista para asegurarnos que nada entrara por las hendiduras de la puerta y nos mirábamos con risitas nerviosas.
--En el DF ya estarían muchos coches detenidos, ahogados, dijo Tere.
--El Señor que iba a la Central parecía un ingeniero, y nos explicaba que Tabasco era la tierra más baja de la República, y algo decía de que el peligro eran las presas de Chiapas. Que antes de que se desbordaran, abrirían las compuertas para que se desaguaran hacia Tabasco. “No hay derecho, murmuraba, ¿Quién decide algo así? De que se acabe Tabasco a que se acabe Chiapas…” Y se bajó del auto corriendo, atravesando el agua a brincos, con las piernas sumergidas hasta la rodilla. Y yo me admiraba de la seguridad con que corría, y cómo no tenía miedo de caerse en un hoyo, si no se veía ya el fondo. “Estarán bien en el Hotel – nos dijo-- ahí no se inunda, está en lo alto, pero en cuanto puedan se regresan mejor. Mañana no habrá clases y si se abren las compuertas ya no habrá Tabasco, no CNA ni Consejo de Cuenca ni nada de esto ”.
Dimos el curso el lunes como pudimos, los y las funcionarias todas nerviosas, algo lelas, las profesoras y el personal también. Nadie abría el salón, la maestra Delia y yo nos mostrábamos desconcertadas, no lográbamos seguir el plan de la clase, comenzábamos por el paso tres y luego no sabíamos cómo retomar el paso uno… Los y las cursillistas hacían esfuerzos por concentrarse. Ya llegara la comida y esta muy rica, verán, hagamos alianzas, establezcamos las redes para esta nueva política pública. Yo miraba y miraba los muros del salón, que estaban mojados de abajo hacia arriba y por todos lados en el Palacio Municipal había charquitos … ¿De donde sale tanta agua? Alguien me dijo que del manto freático, que el agua subía y la humedad se condensaba. A las once nos enteramos de que se declaraba el Estado de Emergencia, que a las tres de la tarde hablaría el Gobernador y que tal vez a las cinco se abrirían las compuertas y entonces Tabasco se iría al agua. Me lo decían asi, y yo no entendía, no sabia que hacer, ni que pensar, solo miraba que el agua entraba y se aposentaba en todo sitio, no sólo caía del cielo.
Poco a poco se fueron yendo, unos avisaban: es que ya cerraron el puente, no se donde están mis hijos, mi casa esta ya toda inundada…
El martes Marina y Jaci nos avisaron que no habría curso. Insistí en ir al Palacio, habíamos citado a los estudiantes. Los tabasqueños son muy trabajadores y buena gente; llegaron como 18, muchos, como pudieron, para tomar el curso que preparo el Instituto Estatal de las Mujeres acerca de equidad de género y cultura institucional. Les dimos material, les prometí que regresaría cuando mejorara todo, que seria prontito, que en México llueve y todo se inunda, pero que a los dos días todo se seca. Me miraban y sonreían con cariño. Que la vaya bien, Maestra, ya váyase…Ya casi nadie iba por las calles, el Festival de la Ceiba suspendido, todo abandonado y solo el agua de abajo y la de arriba y la de todos lados,
Tere y yo regresamos el miércoles por la mañana en avión. De nuevo atravesamos las calles inundadas con un chofer maravilloso que nos contaba como ayer, hace dos horas, una hora, se podía circular por esta y esta otra calle… El jueves cerraron el aeropuerto y ya no puedo hablar ni con Mariana ni con Jaci, no hay luz y no tienen celular. Quisiera decirles que se venga a mi casa, que se vengan para acá, pero ya no puedo hablar con ellas.
La maestra Lety me contó cómo había estado en el albergue hasta las cinco de la mañana, cuidando a las mujeres, especialmente después de que se fue el General y se quedaron solamente los soldados. Hay señoras embarazadas, hay mujeres con bebes recién nacidos, y los soldados no son amables, más bien algo impacientes y rudos. Les llevaron leche y pan, pero ellas no quieren comer…
Ay Maestra, hay que ponerlas a cantar, a contar cuentos, a leer y hacer cosas, mantenerlas ocupadas… Pienso en la resilencia, y me duele Tabasco en el agua.
Dice Vicky que las mujeres de Tabasco necesitan leche en polvo, pañales, toallas femeninas, agua, enlatados, ropa interior para mujeres y niños y niñas y ropa en general.


Será mejor donar en especie….

NÁPOLES: Louisiana 113 esq. Nueva York.
POLANCO: Juan Vázquez de Mella 373, depto. 501, enfrente de Pabellón Polanco.
COYOACÁN: Corina 117 depto. A 10, esq. con Londres.
El lunes a la ENAP o a Ciudad Universitaria.



En UAM Azcapotzalco, en el laboratorio de la Dra. Barceló 5483 7769 …

Cualquier duda comuníquense con Lilia Granillo o con Nelly Vargas al 044.55.54.31.97.96.

Entradas populares de este blog

resumen curricular